“Izquierdos de autor y cultura libre: brevísimo paisaje de nociones, problemas y posibles” por Fede Ternavasio*

Desde que la Conferencia General de la Unesco de 1995 así lo decidiera, cada 23 de abril se “celebra” el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. La fecha, supuestamente, fue elegida porque en ese mismísimo día, en 1616, murieron Shakespeare, Cervantes y el Inca Garcilaso de la Vega. Ponele.
La cuestión es que, ahora que empresas como Facebook y Twitter nos andan habilitando para comunicar cualquier cosa en cualquier momento, se pudo ver cómo varias universidades, editoriales e instituciones, así como muchxs autorxs, poetas y periodistas, “celebraban” esto que podríamos llamar, con claros ánimos de ser jodidxs, el día mundial por la privatización de la cultura.
No es evidente, pero así como es mucha la gente que anda peleando contra Monsanto, o contra las distintas presencias del patriarcado, también existen colectivxs que intentan frenar el avance de los derechos de autor por sobre la cultura; y, si bien es un enemigo que se pone caretas distintas, en realidad es siempre el mismo.
Esto puede resultar desconocido para muchxs, porque el poder y quienes lo detentan en casi todas las instituciones nos insisten en que patentar y vender es bueno, y que compartir conocimientos sin que éstos pasen por alguna forma de comercio y “derechización” (forma avalada por la RAE[Cita requerida] para llamar a la privatización de cultura mediante la ley), es malo. Y ojito con romper con eso, si no pregúntenle a Aaron Swartz, que puso en uso su mente de hacker para liberar papers de JSTOR, lo que le valió una persecuta tan intensa que terminó suicidándose, ante la amenaza de una pena por 4 millones de dólares en multas y más de 50 años de prisión.
En nuestros pagos, andá a decirle a Conicet que te dé puntaje por compartir saberes informalmente, sin que haya quedado registrado, asentado y corroborado por algún tribunal o certificado. No, acá no importa si vos la descosés o sos un perejil, para el sistema académico no pasa por la calidad, sino por insertarse en el modelo capitalista de producción y comercialización de saberes.
Como dijo el poeta cordobés, “y mira qué ironía queridx”, la Universidad, ese ámbito en el que accedemos al conocimiento básicamente a partir de actos piratas (fotocopias y digitalizaciones ilegales) solamente reconoce como válidos los conocimientos que circulan en una muy controlada legalidad.

Zurditxs de autorxs
Aunque usted no lo sepa, desde la década del setenta, surgió una contra a los derechos de autor (o copyright), con el nombre de izquierdos de autor (o copyleft). Tomó fuerza en el ámbito de la informática como una de las banderas del Software Libre, un movimiento social que tiene en el complicado cuerpo de Richard Stallman uno de los referentes más mediáticos, y que -te lo resumo así nomás- es una movida preocupada por lograr que la tecnología potencie la libertad de las personas, en vez de andar espiando lo que hacen o monetizando su información (Stallman 2004).
Lo que plantea el copyleft es una forma de jugar contra la privatización del conocimiento con las cartas de la Ley, porque permite registrar una obra que puede o no exigir que se reconozca autoría (individual o colectiva), y que aclara explícitamente que ella puede compartirse, modificarse y venderse (o alguna combinación de esas cosas). Pero para evitar avivadas impone una restricción: toda obra derivada deberá mantener esa lógica. Es una forma de, en vez de privatizar, colectivizar conocimientos, por lo menos mientras haga falta vérselas con este sistema y sus andamiajes legales.
También existen los copy-far-left, que imponen otra restricción interesante, permitir modificaciones, venta y demás, solamente a cooperativas y organizaciones similares, de modo tal que lo producido con pocos recursos no sea aprovechado por los que tienen recursos de sobra.

Corralitos everywhere
Si bien esta lucha, con esta forma particular, tiene algunas décadas, la pelea contra la privatización de los bienes, sean naturales o culturales, tiene su origen en el mismo momento en que se comienzan a cercar las tierras que anteriormente eran “comunes” (en el sentido de “tenidas en común”).
Como aprendimos leyendo a Silvia Federici, en ese mismo momento histórico tenemos gran parte de lo que origina, en su expresión moderna, tanto nuestra relación de explotación para con la naturaleza, como la legitimación de la esclavitud (y posteriormente la esclavitud del salario) y el patriarcado, que impuso a las mujeres el trabajo reproductivo. Pero también, como ahora, la fuerza que intentó frenar esa hidra en sus diferentes expresiones, estuvo corporalizada en las mujeres:

“…durante la primera fase del desarrollo capitalista, las mujeres supusieron la primera línea de defensa contra los cercamientos tanto en Inglaterra como en el «Nuevo Mundo», y fueron las defensoras más aguerridas de las culturas comunales que amenazaban con destruir la colonización europea”. (2013:251)

Bastante más acá en la historia de las ideas, fueron los movimientos anarquistas en sus diferentes expresiones los que todavía pechearon ideas y acciones por fuera de lo que impone la presencia de un Estado o de la propiedad privada, con, por ejemplo, un Kropotkin que se preguntará en ese agite con forma de libro que se llama “La conquista del pan”:

“Cada descubrimiento, cada progreso, cada aumento de la riqueza de la humanidad, tiene su origen en la conjunción del trabajo manual e intelectual del pasado y del presente. Entonces, ¿con qué derecho alguien se apropia de la menor parcela de ese inmenso todo y dice: ‘Esto es sólo mío y no de todos’?”. (2005:26)

Los libros y lxs artistas
Esto, me dirán, es todo muy lindo, pero mientras tanto, vos, poeta novel, ¿de qué se supone que vas a vivir? Hay ya probadas experiencias de que aquel conocimiento que no liberes, si está bueno, será pirateado; pero así no lo fuera, preguntate hasta qué punto esa disposición del habla que escribiste o grabaste, esas ideas que estás poniendo en orden, te pertenecen. Tenemos de sobra con el pensamiento de Bajtín y compañía para saber que todo lenguaje es colectivo, más allá de que en determinado momento encuentre cuerpo en nuestra boca.
Esta idea de que somos agentes individuales, ávidos de que nuestro genio sea reconocido y nuestra originalidad celebrada es parte del mismo engranaje ideológico del capitalismo, y no parte de una naturaleza humana trascendental. Todas nuestras enunciaciones son en algún punto enunciaciones colectivas, sin por eso restarle presencia a nuestra propia subjetividad, que tendrá lo suyo, no hay duda.
Las producciones artísticas se pueden licenciar fácil y rápido para ser libres (con Creative Commons, por ejemplo), pero eso no invalida que lxs artistas vendan sus producciones en distintos soportes, o cobren entrada para un espectáculo en vivo. Lo que se vende ahí es un trabajo material, no el conocimiento que eventualmente el material distribuye.
Hay buenos ejemplos de esto, como lo que hace la editorial “Traficante de Sueños” y, con parte de su catálogo, “Tinta Limón”. Después tenemos el caso de la editorial anarco “Libro de Anarres” que, así como lo hace en su edición del libro citado de Kropotkin, lleva, en todas sus impresiones, la leyenda:

“La reproducción de este libro, a través de medios ópticos, electrónicos, químicos, fotográficos o de fotocopias, está permitida y alentada por los editores”.

O esa otra leyenda, mucho menos formal y más bella, que aparece en el librito “Ética amatoria del deseo libertario y las afectaciones libres y alegres”:

“Milena Caserola [la editorial] y Ludditas Sexxxuales [lxs autorxs] alientan vivamente la circulación de este texto a como dé lugar y en cualquier formato.
Todos los izquierdos están reservados, sino remítanse a la lista de libros censurados en las distintas dictaduras y democracias. Por lo que privar a alguien de quemar un libro a la luz de una fotocopiadora, es promover la desaparición de lectores.

La jugada interesante está en que, si bien se adscribe a alguna forma legal de autoría, se permite y promueve colectivizar las producciones, un gesto de coherencia para con las posiciones políticas y estéticas que asumen esos textos en sus programas de escritura o en sus filiaciones ideológicas.

Y entonces?
No es la intención de este textito agotar el tema ni evangelizar a nadie, y para colmo ya tengo 1.758 palabras cuando el máximo que me piden es 800.
En fin, a pesar de que es clara la perversión y la fuerza del sistema, hay que vivir según ese triste “negociemos, Don Inodoro”, juntar puntitos y tratar de ver cómo sobrevivimos al sistema sin volvernos parte de quienes ejercen la dominación.
Sí parece importante movilizar saberes, propiciar la construcción de horizontes de emancipación desde una mirada comunitaria y empezar a activar alguna forma de praxis que le sea acorde a esos intereses.
Este mundito de la llamada “cultura libre” es un magma de ideas y experiencias que van desde la creación de pequeños pedazos de internet autónomos en comunidades de todo el mundo, hasta la proliferación de redes de radios libres que iluminan los conflictos que los medios convencionales dejan en la sombra.
El mercado y sus tentáculos avanzan por el globo comiéndose las luchas y vomitándolas en forma de publicidades piolas que te muestran un varón lavando los platos, pero no hay que comprar eso como una meta. Hay que seguir encontrando los huecos para la resistencia, capaz reconstruyendo vínculos entre los distintos frentes de lucha y experimentando aunque sea con nuevas formas de producción y movimiento de bienes culturales. Porque mientras de este lado no terminamos de asir lo que nos une, la derecha tiene bien claro que su vereda es la misma que la del patriarcado, los mercados, la privatización, el punitivismo y la explotación.

*Fede Ternavasio.
[Mini-Bio: Licenciándome en Letras. Trabajando en la “Tecnicatura Universitaria en Software Libre”+Adul+Taller “Compartiendo en Libertad”. Tratando de sostener activismos por la cultura libre, libertaria y popular.]

Biblio.

Federici, S. (2013). Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Madrid: Traficantes de Sueños. Disponible online, licencia CC BY-NC-ND 3.0: https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/Revolucion%20en%20punto%20cero-TdS.pdf

Kropotkin, P. (2005). La conquista del pan. Buenos Aires: Libros de Anarres. Disponible online: https://praxislibertaria.files.wordpress.com/2012/11/la-conquista-del-pan-predro-kropotkin.pdf>

Ludditas Sexxxuales (2013). Ética amatoria del deseo libertario y las afectaciones libres y alegres. Editorial Milena Caserola. Disponible online: https://anarkobiblioteka3.files.wordpress.com/2016/08/c3a9tica_amatoria_del_deso_libertario_-_ludditas_sexxxuales.pdf>

Stallman, R. (2004). Software libre para una sociedad libre. Madrid: Traficantes de Sueños. Disponible online: https://www.gnu.org/philosophy/fsfs/free_software.es.pdf>

 

Algunas webs (para chusmear cosas mencionadas en el texto):

Para licenciar (libre y gratis) contenidos →  http://creativecommons.org.ar/licencias.html

Sobre Aaron Swartz → https://es.wikipedia.org/wiki/Aaron_Swartz>

Experiencia de redes libres comunitarias en Argentina → https://www.altermundi.net/>

Red de Radios Libres → https://radioslibres.net/>

Definiciones más precisas sobre copyleft → https://www.gnu.org/licenses/copyleft.es.html>

Sobre Software Libre → https://www.gnu.org/philosophy/free-sw.html

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